¡La soledad mata!

domingo, 19 de agosto de 2007

Ayer fue un día de higienizar gavetas; ¡votar esto!, ¡guardar esto!, ¡almacenar esto! “Y noto en esa limpiadera de gaveta”; un recorte de un periódico viejo; (del año pasado), no se por que estaba o porque lo guarde, la cuestión es; (que hay residía, ¡hay estaba!) con una noticia curiosa, de dos animales: un mono y un león que vivían en jaulas adyacentes en un zoológico, Pasaron largos años encerrados y siendo vecinos, hasta que un día hubo una reestructuración del parque y el león fue trasladado a otro lugar. Cuando la fiera desapareció, el mono se puso como loco; chillaba día y noche, alternando estallidos de furia con desagradables lamentos: se golpeaba contra las paredes, se arrancaba los pelos y dejó por completo de comer. A los tres días, y viendo que el pobre animal iba a matarse, los cuidadores decidieron volver a colocar al primate junto al león, trasladándolo ala nueva instalación. En cuanto que llegó a la jaula contigua a la del felino, el mono se tranquilizó y volvió a alimentarse. Allí sigue ahora, gozando de la compañía de su melenudo amigo. Lo raro es; que pertenecen a especies distintas y, si se hubieran encontrado en libertad, probablemente hubiera acabado siendo depredador o siendo Víctima. Pero en el ambiente enrarecido del zoológico, en la miseria y el dolor de unas jaulas, aprendieron a quererse.
Y quiero decir que ¡la soledad mata!, que la falta de cariño enferma a la gente. Las estadísticas demuestran que las personas que han sufrido un infarto y viven solas tienen mayor riesgo de padecer un segundo ataque. Y los enfermos de cáncer terminar que no se sienten solos; duplican su porcentaje de supervivencia. ¿Todavía alguien duda del fulminante efecto del cariño? La existencia puede ser un lugar muy oscuro, y uno de los pocos recursos de los que disponemos para iluminar las sombras; ¡es el afecto! pero creo que intentar demostrar nuestro afecto a quienes tenemos alrededor (tocar, abrazar, decir) puede mejorar de manera apreciable nuestras vidas. Y, además, no vamos a ser menos que ese mono que decidió sabia y humanamente; porque son tan humanos los animales; que era mejor amar a un león, ¡que no amar nada!